El 18 de junio de 2025, en los jardines de la Casa Blanca, preguntaron a Donald Trump si Estados Unidos atacaría las instalaciones nucleares de Irán en medio de la escalada del conflicto entre Israel y Teherán. Ante esta posibilidad el mandatario respondió con un ambiguo:

“Tal vez lo haga. Tal vez no. Nadie sabe lo que voy a hacer”.

El 28 de febrero de 2026, Trump ordenó la escalada militar contra las instalaciones nucleares iraníes. El giro confirmó un patrón que puede identificarse como la esencia de su forma de negociar: convertir la incertidumbre en una herramienta de presión.

Trump en Irán

Tras los ataques estadounidenses contra los complejos nucleares de Fordow, Natanz e Isfahán, Trump anunció posteriormente un acuerdo de alto el fuego entre Israel e Irán, presentándolo como el resultado de una combinación de fuerza militar y presión diplomática. El 17 de junio de 2026, ambos países firmaron un memorando de entendimiento que puso fin a las operaciones militares. De acuerdo con el Ministerio de Salud de Irán, más de tres meses de conflicto activo dejó 3 468 muertos y al menos 26 500 heridos en territorio iraní

La firma del tratado abrió un período de 60 días para negociar un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear iraní y el levantamiento de sanciones, según confirmó el portavoz de la Cancillería iraní, Esmaeil Baghaei. Desde entonces, las conversaciones han continuado.

La Teoría del Loco

La forma en que Donald Trump alternó amenazas militares, mensajes ambiguos y llamados a negociar durante el conflicto con Irán ha llevado a diversos académicos a relacionar su estrategia con la llamada Madman Theory o «teoría del loco». El concepto fue desarrollado por el analista militar Daniel Ellsberg al estudiar la estrategia nuclear de Estados Unidos durante la Guerra Fría y posteriormente popularizado por H. R. Haldeman en sus memorias sobre la administración de Richard Nixon. En su ensayo The Political Uses of Madness (1960), Ellsberg sostenía que:

“La apariencia de irracionalidad puede incrementar la capacidad de negociación de un Estado”.

El hacer creer al adversario que el líder podría adoptar medidas extremas. La lógica consiste, precisamente, en proyectar la imagen de un dirigente impredecible para convencer al oponente de que negociar resulta menos costoso que arriesgar una escalada del conflicto.

Esa lógica se reflejó en varios mensajes publicados por Trump en Truth Social durante la crisis con Irán. El 7 de abril de 2026, anunció que había aceptado una propuesta iraní como una «base viable para negociar» un alto el fuego de dos semanas. Días después, el 12 de junio, descalificó la filtración de un supuesto acuerdo al afirmar que eran «fake news» y que no tenían «NADA que ver con los términos acordados por escrito». Finalmente, el 17 de junio, tras anunciar el memorando que puso fin a las hostilidades, escribió:

«¡EL ALTO EL FUEGO YA ESTÁ EN VIGOR. ¡POR FAVOR NO LO VIOLEN!»

Después felicitó a ambas partes por evitar una guerra que, según dijo, «podría haber durado años». La secuencia muestra un patrón en el que las amenazas, la incertidumbre y los anuncios de negociación coexistieron como parte de una misma estrategia de presión diplomática.

Para Peter Trubowitz, académico estadounidense especializado en política exterior de Estados Unidos, relaciones internacionales y política comparada, el estilo de Trump se caracteriza por mantener deliberadamente la incertidumbre sobre sus próximos pasos para conservar margen de maniobra frente a sus adversarios. En declaraciones recogidas por la Associated Press, el académico sostiene que esa ambigüedad le permite “mantener abiertas sus opciones” y preservar influencia en la negociación.

FUENTE: ECUAVISA

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