Cuando se habla del fenómeno de El Niño, la atención suele concentrarse en la Costa ecuatoriana. Las lluvias intensas, las inundaciones y los desbordamientos de ríos son parte de los escenarios que genera este fenómeno. Sin embargo, sus efectos no se quedan en el litoral. La Sierra también podría enfrentar consecuencias, aunque de una manera distinta y dependiendo de la zona.

La cordillera de los Andes marca una diferencia. El oceanógrafo Franklin Ormaza explicó a Ecuavisa.com que la cordillera de los Andes funciona como una barrera para los vientos y para la humedad que llega desde la Costa y la Amazonía. Por eso, el comportamiento de las lluvias puede cambiar de un lado a otro de la cordillera. «Los Andes tienden a ser una especie de represa de vapor de agua», explica el investigador.

De acuerdo con Ormaza, la vertiente occidental de los Andes podría recibir un incremento de las lluvias, mientras que hacia la parte oriental se presentaría el escenario contrario: una disminución de las precipitaciones. Es decir, el mismo fenómeno podría generar exceso de agua en unas zonas y déficit hídrico en otras.

Posibilidad de heladas e incendios en la Sierra por El Niño

Pero el exceso y la falta de agua no serían los únicos problemas. En las zonas altas de la Sierra también existe la posibilidad de que se presenten heladas durante las noches despejadas.

Ormaza explica que cuando el cielo permanece despejado durante la noche, las temperaturas pueden descender en las zonas altas. «Eso va a producir las heladas», señala. Estas condiciones pueden afectar directamente a los cultivos y generar pérdidas para los agricultores.

A este escenario se suma el riesgo de incendios forestales en los páramos y zonas de la Sierra. Los períodos secos pueden favorecer condiciones de mayor vulnerabilidad frente al fuego, especialmente en los meses en los que existe menor humedad.

Los páramos son además ecosistemas sensibles frente a los cambios en las condiciones climáticas. Por eso, un escenario de sequía no representa únicamente un problema para los agricultores. También genera preocupación por las fuentes de agua y por los ecosistemas que dependen de ellas.

El impacto, sin embargo, no será necesariamente igual en todas las ciudades de la Sierra. Quito, Cuenca y Loja pueden enfrentar condiciones diferentes debido a su ubicación y a la influencia que tiene la cordillera sobre las masas de aire y humedad.

Por eso, Ormaza evita establecer un pronóstico preciso para cada ciudad. En el caso de la Sierra, plantea de manera general un escenario marcado por la disminución de las lluvias.

La producción y distribución de productos agrícolas serán afectadas

En el lado occidental, uno de los principales problemas estaría relacionado con las carreteras que conectan a la Costa con la Sierra. El experto advierte que estas vías atraviesan zonas que pueden ser vulnerables a deslizamientos, especialmente por las condiciones de las pendientes y la deforestación.

Las lluvias intensas pueden aumentar el riesgo de derrumbes y afectar la conexión entre ambas regiones. Para Ormaza, este podría ser uno de los mayores impactos en la Sierra.

«El mayor impacto que va a hacer es en el transporte realmente», sostiene.

La afectación de una carretera tendría consecuencias que irían más allá de la movilidad. La Sierra es una zona importante para la producción de legumbres, papas y otros productos agrícolas. Si las vías se deterioran o quedan cerradas, el traslado de estos alimentos hacia otros puntos del país también se complicaría.

El problema podría sentirse en ambos extremos de la cadena. Mientras los productos tendrían dificultades para salir de las zonas productoras, en otros lugares podría existir menor oferta. Ormaza considera que esto podría generar un incremento de los precios, mientras que los productores de la Sierra podrían quedarse con parte de su producción sin vender.

Además, la falta de lluvias puede reducir el agua disponible para los cultivos y afectar a los productores que dependen de las precipitaciones o de los sistemas de riego.

La falta de lluvias podría volver aún más compleja la generación eléctrica

La disminución de las precipitaciones puede afectar a las cuencas hidrográficas y, con ello, a actividades que dependen directamente de ellas. Entre las principales preocupaciones está la generación hidroeléctrica, debido a que una reducción de los caudales limita la cantidad de agua disponible para las centrales.

Este escenario adquiere mayor relevancia durante los períodos de estiaje. Los análisis sobre el impacto de El Niño en Ecuador advierten que algunas cuencas podrían enfrentar condiciones de sequía, con consecuencias para la generación eléctrica y para la disponibilidad de agua.

Aún no se puede determinar la fuerza del fenómeno de El Niño

La intensidad del fenómeno también será determinante. El experto plantea diferentes escenarios y explica que un El Niño moderado podría generar más lluvia y extender el período de precipitaciones, mientras que un evento de mayor intensidad podría prolongarlo todavía más.

En ese punto aparece una de las principales incertidumbres. Ormaza considera que existen condiciones oceanográficas que todavía deben analizarse y que podrían disminuir la intensidad del fenómeno. Por eso, aunque advierte sobre la necesidad de prepararse para el peor escenario, también sostiene que el impacto podría ser menor al esperado.

Sin embargo, aclara que incluso un invierno fuerte ya representaría un escenario complicado para el país. La Sierra, entonces, no tiene una sola amenaza frente a El Niño. En la vertiente occidental, las lluvias pueden aumentar el riesgo de deslizamientos y afectar las carreteras. Hacia el oriente, la disminución de las precipitaciones puede comprometer el agua, la agricultura y la generación hidroeléctrica. Y en las zonas altas, las condiciones secas y las noches despejadas pueden favorecer heladas e incendios forestales.

El desafío está en prepararse para esos escenarios sin perder de vista que el comportamiento del fenómeno todavía puede variar.

FUENTE: FARAVISA

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