El río Machángara recorre 22 kilómetros a través del Distrito Metropolitano de Quito. Hace más de ocho décadas, sus aguas eran cristalinas y albergaban una rica biodiversidad. Sus orillas eran un punto de encuentro para las familias que acudían a pasear, descansar o lavar la ropa sobre las grandes rocas que bordeaban el cauce. Con el paso del tiempo, sin embargo, el crecimiento urbano y la falta de infraestructura para el tratamiento de aguas residuales transformaron al río en un receptor de descargas de aguas servidas.

A esta problemática se suma otra triste realidad que cada vez se presenta con mayor recurrencia: las desapariciones y los hechos violentos en los que este afluente ha sido escenario. El último caso es el de Lizeth Bunshi, la estilista quiteña de 28 años que fue vista ingresar a la quebrada ubicada, a la altura de la antigua terminal interprovincial Cumandá, en el populoso sector de La Marín del Centro Histórico.

Los familiares de la chica han reiterado que en las cámaras de seguridad se pudo observar cómo ella ingresó por una de las cercas que se encontraba rota junto a Cristian Gonzalo V. quien actualmente guarda prisión preventiva mientras se desarrollan las investigaciones.

¿Cómo es esa zona? Existe abundante vegetación con basura de todo tipo, como bolsas plásticas, vidrios, ropa vieja, papeles y desperdicios orgánicos. En el ambiente se percibe un mal olor proveniente de las aguas del río y de los desechos. También es refugio para habitantes de calle que viven en covachas, cuevas y edificaciones abandonadas del lugar, como el antiguo molino El Censo y la Cartonera.

Otros indigentes pernoctan debajo del puente que conecta el Playón de La Marín con el intercambiador de El Trébol. El panorama es el mismo: viven en medio de basura con olores nauseabundos, roedores que se esconden entre la maleza y desde la parte alta se observa que allí hay carteras y billeteras vacías, seguramente de las personas que fueron víctimas de asaltos o robos.

Ahí estuvo Lizeth Bunshi por última vez, según las investigaciones. Por eso, sus familiares y autoridades han realizado una búsqueda exhaustiva en el sector desde su desaparición, el pasado 19 de julio. La única evidencia que se encontró fue uno de los zapatos que ella llevaba puestos cuando salió de su casa…

Este caso conmocionó a Quito, pero no es el único que se ha dado en las cercanías del Machángara. Otro es el de la colombiana Carolina Garzón Ardila, quien desapareció el 28 de abril de 2012 cuando tenía 22 años. Según la Fiscalía General, la chica fue vista por última vez cuando residía en el barrio Paluco, sector Monjas, junto al Machángara, en el oriente de Quito, en donde vivía junto con otros cinco jóvenes extranjeros.

La Fiscalía realizó rastreos aéreos y terrestres en el sector y en las inmediaciones del río Machángara, donde la joven fue vista por última vez. Sin embargo, su desaparición es un misterio hasta hoy. Su padre, Walter Garzón, se radicó en Quito para buscarla y jamás la encontró. Lamentablemente, falleció el 12 de septiembre de 2016 en su ciudad natal, Bogotá. “Si los estados de Ecuador y Colombia hubieran actuado con responsabilidad y garantizado una investigación eficaz, célere y nuestro derecho a la verdad y justicia, Walter seguiría con nosotros”, cuenta Alix Ardila, madre de Carolina.

Pese a todo esto, el caso continúa en investigación y le han cambiado a 12 fiscales. Ha recorrido el Machángara en múltiples ocasiones sin resultados. Lo recuerda como un río con muchas piedras y poca agua. “En esos días no recuerdo que tuviera un caudal muy fuerte, a menos que estuviera en época de invierno”.

En ese entonces, Ardila solicitó a la Fiscalía que investigara cuántos cuerpos habían aparecido en el río entre los años 2011 y 2013, aproximadamente. Se determinó que habían aparecido 35. El único cuerpo que no apareció fue el de Carolina y su madre vive en absoluta incertidumbre.

Ardila cuenta que las investigaciones no han avanzado. Sin embargo, en medio del dolor por la desaparición de su hija, surgió lo que hoy es la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador (Asfadec). Su esposo la fundó junto con los familiares de otras personas desaparecidas, con el propósito de exigir verdad y justicia. El colombiano notó que varias familias atravesaban por su misma situación y decidió crear la organización que hasta ahora continúa vigente.

“El caso de Carolina está peor que al inicio porque, después de catorce años, se pierden evidencias, se pierden testigos y ya no existe claridad sobre lo que pudo haber pasado”.

La mujer añade que las autoridades ecuatorianas se quedaron con una hipótesis sin fundamentos, que Carolina desapareció en el río Machángara. “No han podido sustentarla ni explicar cómo llegaron a esa conclusión. Tampoco han presentado otra hipótesis”.

De hecho, en el último informe de admisibilidad número 99/24, petición 37-20, que presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se habla de que la primera fiscal del caso adelantó su hipótesis. Probablemente, Carolina Garzón Ardila se había suicidado en el río Machángara, que bordea el sector de Paluco. La razón: el último mensaje de la presunta víctima en Facebook indicaba que podía “comunicarse
con su hermana a través del río”, por lo que la búsqueda se enfocó en el río, y la investigación únicamente giró
en torno a la posible muerte en el río.

Asimismo, el documento señala en la página 4 que la Fiscalía ha verificado la hipótesis de muerte accidental por precipitación al río. Más allá de toda esta información que consta en el expediente -acota Ardila- el caso no ha sido resuelto y Machángara continúa siendo el principal escenario de las indagaciones…

Cifras de desapariciones y violencia en Quito

Con base en información del Ministerio del Interior, una nota de Ecuavisa.com reveló que entre enero y junio de 2026 se registraron 823 casos de personas desaparecidas. Se trata de 23 casos menos que en el mismo periodo del año anterior.

La mayoría corresponde a adolescentes:

  • 383 adolescentes desaparecidos.
  • 345 adultos.
  • 61 adultos mayores.
  • 34 niños.

De los 383 adolescentes que no han regresado con sus familias, 362 fueron localizados con vida. 16 aún siguen desaparecidos y los casos siguen en investigación. Cinco adolescentes fallecieron. En cuanto a género, este es el detalle:

Hombres desaparecidosMujeres desaparecidas
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Entre esos casos de mujeres desaparecidas consta el de Nathaly Mafla, estudiante de la Escuela Politécnica Nacional, de 20 años. La joven fue reportada como desaparecida y, en los videos de cámaras de seguridad que se difundieron posteriormente, se la observa deambulando por el sector de La Vicentina. Su cuerpo fue hallado sin vida el 9 de junio de 2026 en una quebrada de ese mismo sector, en el centro-norte de Quito, 800 metros más arriba del Machángara.

Este hecho sigue bajo investigación y no se ha detenido a ningún sospechoso.

Cinco kilómetros más abajo de la quebrada donde fue encontrada la alumna universitaria, siguiendo el cauce de este río, se encuentra el puente viejo de Guápulo. Allí fue vista por última vez la docente quiteña Michelle Montenegro, desaparecida el 5 de junio de 2018.

Ese día -según los registros de Asfadec- ella acudió en compañía de sus padres a un chequeo médico en el Hospital Carlos Andrade Marín, debido a un trasplante de córnea en su ojo derecho. Después visitaron a su hermana en el sector de La Armenia, en el valle de Los Chillos. Luego, su madre salió a comprar a la tienda y cuando regresó ya no la encontró.

Salió inmediatamente a preguntar al guardia y le contestó que su hija había salido atrás de ella. Lo último que se supo de ella es que unas personas la vieron caminando cerca del puente antiguo de Guápulo, a pocos metros sobre el río Machángara. Ese día, ella vestía jeans oscuros, blusa verde oscura y zapatos del mismo color.

La familia de la joven ha realizado varias búsquedas por su cuenta en las aguas contaminadas del afluente que no han dado resultados. Su padre, Luis Fernando Montenegro, asegura que no descansará hasta localizarla.

En una entrevista con Ecuavisa.com que se publicó en noviembre de 2022, el hombre dijo:

“A mi hija desaparecida la he buscado en las aguas del Machángara”.

El caso de Hernán Mendoza

El ingeniero en telecomunicaciones Hernán Mendoza, de 26 años, fue reportado como desaparecido la noche del 26 de enero de 2024. Un mes después, su cuerpo fue hallado en el sector de Mandariacu, a orillas del río Guayllabamba, en el norte de Pichincha. La Fiscalía determinó que se trató de una desaparición con resultado de muerte, delito por el que los responsables fueron sentenciados a 34 años de prisión.

Según la investigación, los implicados utilizaron escopolamina para robar a Mendoza y a un amigo en el sector de La Pradera, en el norte de Quito. Posteriormente, ambos fueron abandonados en el puente de Guápulo, sobre el río Machángara. Sin embargo, solo el amigo fue localizado con vida. Debido a esa información, las autoridades concentraron durante semanas la búsqueda de Hernán Mendoza en las riberas del río Machángara, aunque finalmente su cuerpo fue encontrado en el Guayllabamba.

Las autoridades nunca localizaron a Mendoza en el Machángara y lo mismo sucede en otros casos. Para Cristian Rivera, experto en gestión de riesgos y catedrático universitario, este afluente presenta múltiples complicaciones, ya que constituye uno de los principales sistemas de drenaje de la capital.

En las últimas semanas, ha colaborado en las tareas de búsqueda de Lizeth Bunshi. Afirma que en los sectores donde, durante los últimos años, han ocurrido caídas o desapariciones, existen muchas dificultades para las búsquedas. Hay cascadas, rápidos y diversos obstáculos naturales.

Sectores clave del río Machángara

Además, existen infraestructuras construidas por los municipios, a lo largo de los años, como colectores y túneles, que complican aún más las labores de rescate. Otro factor es la contaminación. El Machángara es considerado un río altamente contaminado, muerto desde el punto de vista ambiental, lo que representa un riesgo adicional para los equipos de búsqueda.

Afirma que también hay zonas donde el caudal es muy elevado y otras donde disminuye. Sin embargo, las búsquedas deben priorizarse en puntos estratégicos como:

  • Monjas Orquídeas.
  • Puente de Guápulo.
  • Represa de Nayón.
  • Zámbiza.
  • Guayllabamba.
  • Represa de Manduriaco.

También revela otro dato importante:

«Desde el sector de El Trébol, donde ocurrió el caso de Lisbeth, hasta Manduriaco, estamos hablando aproximadamente de 132 kilómetros de recorrido».

Afirma que, en algunos sectores, el agua tiene una gran fuerza de arrastre. Más abajo el río se vuelve más grande y torrentoso, aumentando la posibilidad de desplazamiento de un cuerpo. ¿Al Machángara se lo puede asociar con las desapariciones? “De cierta manera sí, porque las características del río hacen que las búsquedas sean extremadamente complejas”.

Si una persona cae al Machángara y sabe nadar, estando consciente, puede tener alguna posibilidad de sobrevivir dependiendo del lugar y las circunstancias.

Pero si la persona está inconsciente, las posibilidades de sobrevivir son prácticamente nulas.

Además, los equipos de rescate deben considerar muchos riesgos. Al ingresar al río pueden exponerse a enfermedades debido a la contaminación del agua, como micosis, gastroenteritis o conjuntivitis.

También existen riesgos biológicos por la presencia de animales como ratas y murciélagos.

FUENTE: ECUAVISA

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