En la noche del 24 de abril, a mitad de su concierto en el Coliseo General Rumiñahui en Quito, Laura Pausini hizo una pausa inusual: pidió oxígeno. Vestida de negro y sin dejar de hablar con la audiencia, recibió una mascarilla conectada a un pequeño tanque que le acercó su asistente, respiró durante unos segundos y devolvió el equipo para continuar el espectáculo. El episodio ocurrió mientras el coliseo coreaba sus canciones y fue la propia cantante quien lo mostró después en una historia de Instagram, donde explicó que la altura de Quito le pasó factura en medio del recital.

Lejos de convertirse en un momento de tensión, el gesto se integró al clima de cercanía que dominó la noche. Pausini no dejó de hablar con los asistentes mientras se oxigenaba, explicó con sencillez lo que ocurría y mantuvo el control del escenario. La pausa fue corta, casi doméstica, y terminó diluida entre aplausos, luces y canciones que siguieron fluyendo con normalidad. La artista transformó una necesidad física en un instante de complicidad con el público, que respondió con comprensión y apoyo.
No es la primera vez que sucede
No es la primera vez que la intérprete enfrenta una situación similar en ciudades de gran altitud. En 2024, durante un concierto en la Arena Ciudad de México, Pausini también recurrió a una mascarilla de oxígeno tras sentirse sofocada por las condiciones del lugar. En ese momento, incluso bromeó con el público antes de continuar cantando, una reacción que quedó registrada en videos difundidos por ella misma en redes sociales.
Dos años después, en Quito, el episodio volvió a repetirse con la misma naturalidad y el mismo desenlace: una pausa breve, una sonrisa y la música retomando su curso. Según mostró en Instagram, para Pausini la prioridad fue siempre la misma, tanto en México como en Ecuador: seguir cantando pese a las circunstancias y mantener intacta la conexión con su audiencia.
FUENTE: ECUAVISA